A estas alturas de siglo XXI a la gente todavía le cuesta llamar a las cosas por su nombre. Y en cuanto a los gays, pues más de lo mismo.
Hace unas semanas estaba en el hospital esperando para unas pruebas cuando una de las camareras del restaurante me mira y me dice: "Que te pongo, CARIÑO?" Mi respuesta inmediata iba a ser "No, no me pones, MONADA". El caso es que ese CARIÑO sonó más o menos como si me hubiera llamado MARICÓN. Os imagináis?? Estáis en la cola del cine, y cuando os toca pedir os dice el de la taquilla: " Maricón, que sala??". Seguro que a más de uno os daría grima, a muchos nos chocaría, y a alguno que otro le sonaría a gloria.